Una de estas noches en las que estaba muerta del cansancio pero no tenía mucho sueño, prendí la caja tonta y me dispuse a hacer el ejercicio de canaleo que no realizaba hacía tiempos.

PrisioneraAmor

Me di cuenta de que Telmex, en su infinita sabiduría, nos provee ahora con un canal especializado en telenovelas y la que me tocó en suerte fue la mexicana “Prisionera de amor”. La primera escena que vi era un primer plano de la protagonista Maribel Guardia, pero como yo no veo novelas desde hace más o menos 15 años, creí que era Victoria Ruffo, la recordada Fierecita con unos años de más. Dicen las reseñas que la novela es un remake de “Amalia Batista”, historia que no conozco y no me interesa conocer ahora.

Lo que me interesa es analizar la sensación que me dejaron las pocas escenas que alcancé a ver, ya que me impresionó mucho la pobreza en cuanto al contenido y la manera como se intenta equilibrar esta falta con una sobrecarga de detalles de forma.

Vayamos por partes a ver si me explico: la trama tenía que ver con los cuernos que “sin querer queriendo” le pone el marido (interpretado por Saúl Lizaso), y el dilema de ella que lo quiere abandonar para no perder su dignidad pero lo adora y por eso no es capaz.
La intriga va por el lado de que la amante del marido es una rubia pechugona que tiene como amigo a un flaco medio perverso que está enamorado de la protagonista y por eso le hace fuerza para que se separe de Lizaso. Por lo tanto, el flaco instiga a la rubia para que tiente a Lizaso y le ponga una cita clandestina a la hora del almuerzo. Sin embargo, Lizaso le ha dicho a Maribel que va a almorzar a la casa, así que ella se esmera en sacar a Panchita (o Rosita, no me acuerdo del nombre de la cocinera) de la cocina y preparar ella misma el mejor almuerzo para su maridito. Lizaso tiene fuerza de voluntad de p… y acepta la invitación de la rubia, así que llama a Maribel a decirle que se le había olvidado que tenía un compromiso a esa hora y por lo tanto no va a poder ir a almorzar. Entretanto, el flaco llama a Maribel y le pone cita en un lugar cercano al sitio donde se van a encontrar Lizaso y la rubia, con el objetivo de que Maribel compruebe con sus propios ojitos que su marido la engaña.

La rubia y el flaco forman una pareja al mejor estilo de la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, cosa que me pareció interesante aunque dudo de que el grueso del público de la novela se percate de esto.

Sin embargo, los personajes no dejan de corresponder a los clichés más caricaturescos que pueda mostrarnos el género melodramático: Maribel y Lizaso se muestran completamente insípidos y uno no termina de entender cómo se puede enamorar alguien de dos personas así. La rubia es la típica malosa y el flaco no puede ser más ridículo con su ceja subida y su barbilla partida de galancete latinoamericano. El maquillaje que les ponen es risiblemente exagerado (al flaco se le notaban las plastas de polvos para dar aspecto bronceado) y el cabello de las mujeres parece peluca de muñeca nueva: muy abundante, brillante y liso como si de una sábana almidonada se tratara. Lo mejor de todo es que lo mantienen así durante horas enteras, sin que se les alborote ni una sola ondita por la humedad o el viento.

La rubia permaneció (en el pedacito que alcancé a ver, que supuestamente abarcaba toda una mañana) con un atuendo que pretendía ser de recién levantada aunque eso sí, iba maquillada a la perfección, con aretes y pulseras y hasta con el cabello medio recogido en la parte alta de la cabeza. Se pregunta uno, ¿y de qué vive esta bandida, si no trabaja? ¡Ah, pues claro! La idea es reforzar que a esas malas mujeres, son los maridos ajenos quienes las mantienen y por eso hay que acabar con ellas a toda costa. De la misma manera, la nena no hizo sino estarse todo el rato recostada en un sofá de la sala(tapizada con una tela excesivamente floreada para mi gusto) hablando por teléfono con los dos hombres y dándole órdenes a la empleada para que preparara el mejor almuerzo de su vida… es que hasta eso le paga el tontarrón del marido ajeno.

Además de estos clásicos personajes de melodrama (esposa tonta, marido insípido, mala voluptuosa y malo perverso), nos hace falta aquí el angelito de la guarda de la buena del paseo, que suele estar encarnado por alguno de estos tipos básicos (vale cualquier sexo en todos los casos):

• Ancianito sabio
• Niñito simpático y travieso (que no puede ser el hijo, porque se presupone la virginidad de la protagonista, sino un hermanito, un sobrinito o un gamín del barrio que resulta ser el hijo desconocido del protagonista varón)
• Perro con super inteligencia al estilo Lassie

Pero resulta que el de “Prisionera de amor” no es ninguno de los anteriores… a ver, ¿cuál falta, mis queridos lectores?

¡POR SUPUESTO! El discapacitado: en este caso es un ciego que resulta ser primo del marido y obviamente el nombre del personaje es ¡Ángel! Un muchacho que supuestamente estuvo casado y ya no, lo que me hace pensar que la esposa lo dejó cuando el tipo perdió la vista y el que terminó recogiéndolo fue su primo ricachón. El comportamiento del personaje corresponde con lo que el común de la gente imagina que es un ciego: una persona que se estrella con todos los muebles de la casa (en la realidad, si uno no está cambiando los muebles cada semana, el ciego memoriza dónde está cada cosa y no se estrella), que es todo pureza y candor (son puros y candorosos cuando quieren, pero al igual que usted o yo, pueden llegar a ser tan malvados como se les ocurra), que puede ver más allá de lo evidente (esto lo puede lograr cualquiera que tenga alguito de conocimiento sobre el comportamiento humano) y sobre todo: carente de todo interés o deseo sexual, como si fueran cuerpos gloriosos (sencillamente ridículo).

Este Ángel se la pasa consolando a la pobre Maribel con una insistencia patética que a veces hace sospechar que está secretamente enamorado de ella, lo cual desarmaría toda la estructura del melodrama clásico… a menos de que al final de la historia, se descubra que Lizaso (el marido) es realmente hermano de Maribel y que además Ángel recupere la visión gracias a un implante de córnea donada por el flaco bronceado amigo de la amante de su marido (que oportunamente habrá fallecido en horrendo accidente de tránsito), con lo cual el ex ciego la miraría con los ojos de otro hombre que también estuvo enamorado de ella.

En ese punto y hora me dormí así que no supe en qué terminó la historia o por lo menos el capítulo de esa noche, así que ni se crean que les voy a contar el final, pero no creo que sea menos retorcido de lo que me he imaginado aquí.