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En el día de hoy he tenido que presenciar un lamentable espectáculo protagonizado por alguien que se dice ‘maestro’, es decir que además de transmitir información y conocimientos es una persona que debería enseñar mediante su ejemplo de vida, sus comportamientos rectos y su actitud honesta.
Pues bien, un ‘maestro’ universitario envió hoy a un estudiante a que retirara un libro de la biblioteca donde trabajo. Eso no tendría nada de raro ni de malo si no fuera porque lo estimuló a que presentara el carnet de otro estudiante, lo cual constituye un claro fraude que es sancionado por las normas de la Universidad.
El joven que tenía el carnet del otro no quiso dar sus datos, afirmaba que no tenía su cédula, ni ningún otro documento que lo identificara (libreta militar, carnet de salud, etc.), así que me fui a presentarle el caso a mi jefe que es quien impone las sanciones respectivas. En el camino a su oficina, me atajó el ‘maestro’ y me explicó la situación: su hija –que no estudia en la Universidad- era quien necesitaba los libros, él envió al estudiante a retirarlos y le pareció muy bien que el chico presentara un carnet que no era de su propiedad.
Mi jefe habló con ambos y además buscó al verdadero dueño del carnet, a quien también sancionó aunque este joven argumentó que el otro le había quitado el documento de mala fe.
Después de aplicar las sanciones y ante la insistencia del profesor, mi jefe le sugirió que retirara los libros él mismo con su propio carnet de docente… ¡el tipo tenía una multa y por supuesto, no se le podía prestar!
Finalmente se fueron sin los libros y no es que me alegre por esto, pero me queda la satisfacción de que no se salieron con la suya, de que hubo un desagravio por el hecho de que pretendían saltarse las normas y no ser amonestados.
Además de la gran soberbia y arrogancia que poseen los profesores universitarios, este hecho demuestra una vez más la percepción equivocada que poseen ellos sobre los empleados administrativos: creen que por el hecho de que no pertenecemos a la comunidad académica somos oligofrénicos o analfabetas que no nos damos cuenta de que el muchacho de cabello rizado, piel morena y cejas espesas que pide los libros no es el mismo flaquito pálido con peinado de emo que nos mira desde la foto del carnet.
Eso es lo que les están enseñando los maestros de Arquitectura a los estudiantes en la Universidad Nacional: a ser arrogantes, a dárselas de vivos, a hacer fraude, a infringir la ley, a menospreciar a sus semejantes y a ofender la inteligencia de seres humanos que tienen un poquito más de ética que ellos.
Esa es la escoria que pertenece a la élite intelectual de este país, por eso es que no sobresalimos en nada, porque primero, antes que los miles de títulos y cartones, hay que tener Doctorado en Honestidad y ese no se lo regalan a nadie!