Como ya lo hizo notar el sulfúrico Varguitas, hace unas tres semanas desactivé mi cuenta del ‘carelibro’

Facebook es una herramienta anti-social que te envicia conecta con desocupados que no te interesan personas a tu alrededor.
Aunque lo más probable es que a nadie le esté haciendo falta mi presencia en la omnipresente red social (no obstante, ya Esfinge amenazó con crear un multitudinario grupo llamado “10 firmas para que Lylanda regrese a Facebook”), no resisto a comentar mis razones para haber tomado esta decisión.
La más evidente es la cantidad de basura con la que se llena el correo electrónico, dificultad esta que se puede solucionar administrando y controlando las notificaciones. Bueno, vale: elimino las notificaciones insulsas y dejo las que me interesan.
Aún así, no falta la que se cuela de ‘Are you sexy?’ que no encontré nunca la forma de desactivarla y estuve a punto de iniciar romance cibernético (‘Do you want to flirt with me?’ , preguntaba a diario mi bandeja de entrada, haciéndome ilusionar con que Peter, Angie, Matt, Steven, Priscilla o Mary fuera un morenazo que hubiera visto mi perfil) con más de un desconocido. Por fortuna me di cuenta de que debía ser despiste de otros usuarios que tampoco conocían mucho la tecnología, ya que si no tengo tal éxito como seductora en la vida real, mucho menos lo iba a tener en la red recibiendo más de 30 correos de estos a la semana.
Me dirán que lo importante del Facebook es el reencuentro con los amigos a los que uno no ve desde hace mucho tiempo, como la gente del colegio o de la Universidad, para los que somos más viejitos y ya pasamos de los 30. Yo opino que si uno dejó de verlos no ha sido solamente ‘por la falta de tiempo’. Tal vez sí exista la emoción del reencuentro y las nostalgias de lo vivido en la adolescencia, pero debido al tiempo que ha pasado, las vidas de cada uno han seguido rumbos diferentes y por lo tanto, ya no hay nada en común… Después de un par de reencuentros con las amigas del colegio me he dado cuenta de que no tenemos mucho de qué hablar, ya que no tengo ni idea de los chismes de sus empresas o de las características técnicas del carro que les compró el marido y mucho menos me interesa saber cuántas veces hace popó el bebé. Por lo tanto, estos reencuentros terminan con ellas tomando (yo soy abstemia debido a mi hipersensibilidad hepática, no por filosofía de vida o religión) divertidísimas y yo muerta del tedio.
Por otro lado, está el chismero tan tremendo que arma la gente con lo que hace o deja de hacer en la red: que si Fulano se hizo amigo de Zutana (¿a mí qué me importa?), que si la amiguita le mandó 34 abrazos a un montón de gente que uno no conoce (¿y si a mí no me mandó, para qué me cuentan? ¿para que me muera de la envidia?), que el otro te envió un drink pero para recibirlo debes enviar notificaciones a 50 amigos más (¡y luego se preguntan que por qué se elevan los índices de alcoholismo!), que Mengano ya no está listado como 'En una relación' y se empieza uno a hacer ilusiones y resulta que el Mengano lo que hizo fue casarse y ahora está listado como 'Casado con' ...una vieja con la que se le vio terminar casi 4 veces al año en la última década y ni siquiera invitó al matricidio el maldito, a pesar de que una fue su paño de lágrimas y hasta se ofreció a ayudarle a pasar el despecho con técnicas de Kamasutra.
Lo otro y que me parece mucho más grave es la cantidad de tiempo que comienza a pasar uno metido en la red del Facebook (en mi sitio de trabajo hay gente adicta que se la pasa todo el bendito día mirándolo) y las consecuencias que esto trae. Por que uno sube inocentemente una fotico de cualquier celebración y de inmediato puede quedar incluido en el top del grupo "La forcha más forcha", detalle que atenta contra la reputación de cualquier ciudadano por más bajo perfil que haya mantenido en su vida. Yo he presenciado sesiones de carcajadas a cargo de personas que se dedican a mirar fotos de gente que no conoce (es decir, amigos de sus amigos que no han tenido la precaución de limitar el acceso a la información que suben) y criticarlas como si fueran los amos y señores de la belleza y el buen gusto.
Esta tal vez es la parte light del asunto, pero cuando uno sabe que la información política, de hábitos de consumo y preferencias de mercado que desprevenidamente está soltando al unirse a grupos del estilo de "Yo también odio...", "Me mamé de...", "Un millón de firmas para..." "está siendo utilizada por las grandes empresas (¡y hasta por la CIA, válgame Dios!) para meterse directamente en las vidas y los cerebros de todos los usuarios, la cosa deja de ser tan superficial como para ser simple chisme y diversión.
Por eso me mamé del Facebook. De ahora en adelante, si alguien quiere saber de mí, que me escriban, porque los que me interesan tienen mi correo electrónico y los más cercanos tienen mi número de celular y hasta el de mi casa. No me interesa saber si enviaron corazones, si tomaron un margarita virtual o si mataron al osito viajero. Tampoco me interesa saber si 'odian a' cuando no me lo pueden decir de frente y se tienen que unir a un grupo de internet para expresarlo.
Nota por fuera del tema: querido Vargas gracias por notar mi ausencia del Facebook... yo también noto tu ausencia de los blogs, me hace falta la dosis diaria de ácido.













