Inquieta sobremanera el manejo que le han dado los medios de comunicación al caso del exmilitar Edgar Paz que se tomó durante algo más de dos horas la oficina de Pensiones Porvenir ubicada en el centro de Bogotá.

Es claro que lo que impacta a las masas es el hecho de que el hombre tuviera una granada y que hubiera tomado rehenes. También es conmovedor el drama de un exservidor de la patria al que no se le ha reconocido económicamente el tiempo que laboró en la institución. De la misma manera, impresiona la situación tanto material como emocional en la que aparentemente se encuentra el militar. Es evidente que todo esto genera altísimos índices de audiencia y es a esto a lo que se han referido todo el tiempo las noticias que ha generado este acontecimiento.
Sin embargo, al escuchar las denuncias que hizo en su comunicado el señor Paz (¡qué apellido tan evocador!), uno se pregunta cómo es que no las han cogido con pinzas y guantes los acuciosos periodistas para analizarlas una por una e irlas descartando o acumulando como pruebas para aportar en los numerosos procesos por parapolítica que ya deben estar circulando en la Fiscalía.
Hoy, un historiador al que aprecio mucho (¡gracias R. P. V. por el dato!), me ha hecho caer en cuenta de que hay al menos una inconsistencia temporal entre el procedimiento descrito por Paz para dar de baja a la guerrillera conocida con el alias de “La Chiqui” y el operativo que aparece publicado en otros documentos (véase, por ejemplo: HOYOS, J. J. El Oro y La Sangre. Ed. Planeta. Bogotá, 1994. Págs. 136 y 292).
Igualmente, parece haber incoherencias en otros datos aportados por el señor y sin embargo, si fueran solamente delirios que nublan la razón de un hombre perturbado, no se explica el silencio que sobre este documento han mantenido tanto las autoridades como los medios informativos. No se explica uno el hecho de que ayer en la tarde los titulares dijeran que “el comunicado de Paz se perdió” y hoy digan que no, que lo están analizando pero de todos modos no lo publican por haber surgido en una situación de terrorismo.
¿Por qué la censura? Si se trata de fantasías del señor Paz, ¿por qué no publicarlas como un documento de ficción? ¿Por qué no novelarlas y hacer una historia de aventuras al mejor estilo de Indiana Jones? (¡Estoy que me muero de ganas por ver la última! – perdón por la digresión).
Queda también sin esclarecer la extraña orden del corte de señal al canal CityTV, desmentida por la Comisión Nacional de Televisión.
Oscurísimas situaciones que solamente ocurren en nuestro país del SaNgrado Corazón.
