En los últimos meses he estado dedicada a la lectura de algunos de los textos que inspiraron a Dan Brown para su éxito "El Código Da Vinci". La sorprendente hipótesis principal de dicho libro es la de que Jesús estaba casado con María Magdalena, lo cual subvertiría todo el dogma que ha sostenido la Iglesia católica durante dos milenios.

Al comienzo, pensando en la posibilidad de estar casada con el Hijo de Dios, el Dios hecho hombre; pensé que sería maravilloso y que cualquier mujer se sentiría la más afortunada del planeta al haber sido elegida para ser la consorte de un hombre tan especial.
Me imaginaba que serían días de paz, sintiéndose la mujer más bella y amada del mundo al ser mirada por esos ojos bondadosos llenos de dulzura. Me imaginaba noches deliciosas junto a ese ejemplar masculino alto, de cabellos color de miel, oyéndolo hablar con tanta sabiduría a través de esa barba tan atractiva (me perdonan, pero a mí los barbudos ¡me-en-can-tan!).
Sin embargo, después me puse a imaginarme cómo sería la vida cotidiana al lado de un hombre tan importante, tan ocupado, tan querido y tan asediado como Jesús y se me ocurrieron los siguientes escenarios:
* Es domingo en la mañana y no hay mucho oficio para hacer en la casa, Magdalena pregunta ilusionada:
- Amor, está haciendo bonito día, ¿será que llevamos los niños al parque?
- Ay, preciosa, se me había olvidado comentarte: no puedo porque hoy tengo reunión con los muchachos. Es más, me voy a bañar ya porque se me está haciendo tarde... ¿me puedes preparar desayunito? ¡Gracias, tan linda mi Magdis! - respondería él lanzando un beso en dirección a la mujer.
* Cae la tarde y Magdalena está sola en la casa. Por fin, después de un largo día de trabajo, llega el añorado marido preguntando quién lo ha llamado. La esposa responde, un tanto intrigada y con una pizca de celos en el tono de la voz:
- Pues ha llamado varias veces una mujer y pregunta por ti, pero no ha querido dejar ningún mensaje, ni su nombre ni un teléfono para que te comuniques...
- ¡Ah! - respondería él, disimulando el entusiasmo: - es una endemoniada que me pidió cita para la próxima semana, me imagino que llama para confirmar.
* Se acerca la fecha del aniversario, Magadalena quiere conocer un nuevo restaurante y le propone al esposo celebrar el acontecimiento en ese sitio. Él, con tono preocupado le informa que:
- Esa noche no se va a poder, mi vida, porque tengo sesión de clase con Pedro: le estoy enseñando Lógica Matemática pero le ha resultado muy difícil entender lo de la doble negación...
* Una tarde cualquiera, Magdalena descansa de sus tareas cotidianas viendo la televisión cuando llega su esposo más cariñoso que nunca... a pedirle un favor (que en realidad son dos en uno):
- Linda, en el seminario que estoy dictando voy a explicar una parábola y como tú tienes tan buen gusto... ¿será que me puedes ayudar a hacer una presentación en Power Point? Una cortita, que la gente no se me vaya a aburrir, por que van a ser bastantes los asistentes... a propósito, ¿habrá mucho problema si haces una picadita con pescado y pan, para darles de pasabocas?
* Es de noche y en el lecho conyugal, la ardiente Magdalena le propone al marido que yazcan juntos, él con tono cansino responde:
- Lo siento mi amor, lo que pasa es que hoy curé dos paralíticos y un ciego y además caminé como 3 kilómetros sobre el agua... ¡estoy cansadísimo! ¿Lo podemos dejar para mañana?.
Ella, como buena conversa, acata la 'palabra de Dios' y se voltea frustrada.
* Llegan las vacaciones y Magdalena cree que por fin su amado esposo tendrá un poco más de tiempo libre, así que le propone que viajen a cualquier aldea, para cambiar de aires. Jesús, visiblemente intranquilo le responde que no va a ser posible porque:
- Hoy Judas, el tesorero, me presentó el balance del primer trimestre y parece que se deben todavía 30 monedas de plata de los impuestos. Vamos a tener que apretarnos el cinturón unos meses...
Ella recuerda tantas ocasiones en las que el Iscariote ha tenido que hacer malabares con las finanzas de la compañía para que no la embarguen, piensa en lo buen amigo que ha sido desde que conoció a Jesús y de pronto, cae en cuenta de que el discípulo tiene unos hermosos ojos azabaches que van muy acordes con su temperamento fogoso y con ese cabello rebelde que le cae en cascada como una negra tormenta sobre los hombros, también recuerda ese besito que le robó el muy bandido en la última fiesta, mientras su marido que ya estaba medio ebrio, iba enviado por doña María a conseguir más vino...
NOTA: Cualquier parecido con la realidad... sí, cariño, es contigo.












