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Archivos de: Enero 2008

MI VICIO SOLITARIO

por Lylanda @ 2008-01-14 - 07:48:09 pm

¡¡No, no es el onanismo!!

Este sábado, aprovechando que tuve la tarde libre, sin trabajo y sin marido, me di el gusto de hacer algo que no hacía desde que estudiaba en la Universidad: fui sola al cine. Es uno de los placeres que más disfruto y que no había podido repetir desde hace muchos años, básicamente porque me lo impiden mis horarios.

Recuerdo que a comienzos de la década de los noventa mis compañeros de estudio me miraban como ‘bicho raro’ cuando mencionaba mi gusto por ir sola a cine (aunque, viéndolo bien, en la Nacho todos éramos bichos raros y más en la Facultad de Ciencias Humanas, donde ¡se ve cada cosa!).

Mis razones son simples: fui educada por monjas en un colegio católico donde me obligaban a ir a misa cada domingo y al menos una vez al mes entre semana, pero aún así nunca le encontré sentido ni mística a ese rito. Nunca me emocioné con la elevación ni me conmovieron los sermones, durante los cuales yo me dedicaba a dejar volar la imaginación en vez de reflexionar sobre mi propio comportamiento de niña católica. Sin embargo, una ceremonia rutinaria que sí me animaba era la de ir al cine cada vez que se podía.

teatro

Durante mi infancia (finales de los años setenta) todavía existían los cines de barrio, esos que hoy en día se han convertido en lugares de reunión de diversos cultos si no es que han sido demolidos. La arquitectura de esos cinemas se caracterizaba por tener un voladizo hacia la calle justo sobre la fachada, así que la chiquitina de 3 ó 4 años que se colgaba del brazo de mis papás en las salidas dominicales reconocía fácilmente cuándo se aproximaban a uno de esos templos, se emocionaba hasta el alma, se soltaba de la mano paterna y salía corriendo hacia la entrada gritando “¡pípela! ¡pípela!”*, como si se hubiera encontrado al mismísimo Mesías. (Hay que ver lo que sufrían mis papás cuando el presupuesto no alcanzaba para cine y tenían que convencerme de que fuéramos a cualquier parque donde no cobraran la entrada).

Unos veinte años después, ir a cine se me había convertido en un acto litúrgico que, como la más beata de las beatas, trataba de repetir varias veces a la semana, si no es que lo hacía varias veces al día (afortunadamente, esto es posible en la U. Nacional ¡y gratis!). Mi comunión: el maíz pira y la gaseosa. Los sacerdotes oficiantes del rito: Alfred Hitchcock, Woody Allen, Steven Spielbergy un largo y variado etcétera de directores. Los santos de mi devoción: todos los actores/actrices buenos y malos que pasaran frente a mis ojos por la gran pantalla. Mi gran pecado: haber visto muchas obras maestras del séptimo arte en video. Yo entraba en absoluto silencio a la sala y permanecía en un estado similar al éxtasis de Santa Teresa mientras duraba la película, salía como flotando y necesitaba al menos media hora para aterrizar de nuevo en mi vida real y dejar de creerme la protagonista (o su amiga, o la amante del malo…).

En 1996 tuve la fortuna de encontrar otro bicho raro que está mucho más cerca que yo de la canonización cinéfila: el querido Esfinge, cuya primera invitación a ver Golden Eye (una de las muchas partes de la saga del Agente 007) inició con una frase que le haría célebre y que fue la contraseña para que yo le abriera las puertas de mi corazón: “Eso sí, te advierto, a mí no me gusta hablar en cine””… Ahora se arrepiente de habérmelo dicho porque yo, obediente, dejé de pronunciar palabra desde el momento en que entramos hasta que se volvieron a prender las luces 90 minutos después.

Lo que me gusta de ir a cine sola es que puedo concentrarme por completo en la película, sin que nadie me esté preguntando bobadas durante un flashback como “¿y este no se había muerto ya?”, sin que me pregunten si quiero más crispetas y sin que me pasen un brazo por el cuello y quieran besarme justo cuando estoy tratando de descifrar qué dice un aviso que aparece en segundo plano y que –intuyo- será crucial en la siguiente escena. Por eso detesto los cine – bares, esos inventos de albores del siglo veintiuno donde la gente va a tomar cóctel, a mostrar la ropa de marca, a encontrarse con amigos o a cualquier cosa menos a ver la película. Por eso también tengo mis reservas en cuanto a ver películas en video, porque si estoy en mi casa siempre está la distracción del teléfono, del ruido de la calle, del ‘párala un momento mientras voy al baño’…

Pero bueno, el ser humano es gregario y social –dizque por naturaleza- así que en ocasiones debo abjurar de mis principios de solitaria viciosa y asistir acompañada a la liturgia cinéfila… cosa que no me disgusta si la compañía es interesante, claro está.

* Es decir, “¡película! ¡película!”, pronunciado en media lengua.


 
 

¡¡¡POR FIN!!!

por Lylanda @ 2008-01-12 - 03:58:27 pm

EL CAPUCCINO recibe con alegría la noticia de la liberación de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo. Espero que Clara se pueda reunir lo más pronto posible con su hijo Emmanuel y que las FARC sigan con esta buena voluntad de liberar a los demás secuestrados que quedan. ¡NO MÁS SECUESTROS!

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