Dice el mayordomo de la finca que sólo acepta la renovación del contrato “si hay una hecatombe”.

Habría que ver cuál es la idea que tiene él de este concepto, ya que según los diccionarios, significa: “Mortandad de personas. Desgracia o catástrofe. Sacrificio de 100 reses vacunas u otras víctimas, que hacían los antiguos a sus dioses. Sacrificio solemne en que es grande el número de víctimas” (D.R.A.E. Vigésima Segunda Edición).
Pienso que no es necesario hacer un recuento de los hechos ocurridos durante el gobierno de Uribe y que encajan con las diferentes acepciones de hecatombe, los cuales darían para seguirlo reeligiendo en lo que le queda de vida. Sin embargo, me produce escalofrío pensar en lo que se le puede ocurrir (a él o a sus obdulios… ¡ups! perdón, siempre confundo esta palabra con la que iba a escribir: ESBIRROS) para justificar un tercer mandato.
No quisiera ser alarmista, pero pienso que, aprovechando la tensión generada por el desprecio que el inquilino del Palacio de Nariño ha mostrado hacia el ascenso de Samuel Moreno a la Alcaldía Mayor de Bogotá, se puede inventar un levantamiento en armas de algún sector popular de la ciudad (de esos en donde la votación por el candidato del Polo fue mayoritaria, ojalá alguno de los barrios construidos por La Capitana en su época).
Ya me estoy imaginando las primeras planas y las noticias por televisión en donde grupos de furibundos manifestantes arremeten contra la ‘indefensa’ fuerza pública. Será un motín que durará más de un día y que afectará visiblemente el centro de la ciudad, en cercanías a Palacio, obviamente. Será necesario un gran incendio bien impresionante (para mostrarlo por CNN y demás agencias noticiosas internacionales) con varios muertos que pertenezcan a la élite conocida como ‘los colombianos de bien’… o sea: potenciales votantes por la reelección. Cuando el incendio se logre apagar, los medios hablarán de “infiltración guerrillera” (debido a que para ese momento, se habrán sumado a las protestas las universidades públicas y los sindicatos) y, por supuesto, se rememorarán los hechos del 6 de Noviembre de 1985 cuando el M-19 se tomó el Palacio de Justicia. Entonces saldrá alguno de los políticos agrupados bajo la Coalición de Gobierno (la U, Alas, Convergencia, Cambio…) a decir que lo que hizo falta en ese momento fue la mano dura que sí tiene Alvarito y que esta es la hecatombe que necesitábamos para convencernos de que él es el único que puede salvar al país de las fuerzas izquierdistas que se están tomando el poder desde el cargo de mayor importancia en la capital.
Veinte años más tarde, algún émulo de Gustavo Arias de Greiff encontrará (y hará pública la información) que todo este incidente fue uno más de los “falsos positivos” que tan de moda se pusieron con el doctor Uribe Vélez.













06.11.07 @ 16:23