Hace pocos días el calendario me recordó que han pasado ¡otra vez! 365 días desde aquel martes en el que a mi señora madre le tocó correr a la clínica para dar a luz a esta criaturita que ha sido motivo de sus alegrías y tristezas por varias décadas. Y como es costumbre, en esta fecha recordé algunos de esos deseos imposibles que se formulan a la luz de las velas del pastel.

Desearía:
• Escuchar las grabaciones del psicoanálisis de Michael Jackson (¡qué morbo, por Dió!).
• Irme a discotequear con John Travolta en plan “Fiebre de Sábado en la Noche”.
• Servirle unos cuantos rones a Rubén Blades y a mi amado para que se sienten a conversar sobre política.
• Ir a comer paella con Joan Manuel Serrat y pedirle que me susurre en el oído izquierdo “Romance de Curro El Palmo”.
• En vez de la paella, me transaría por una cazuela de mariscos y que Willie Colón me susurrara la letra de “Gitana”.
• Asistir a un aquelarre como los que pintaba la imaginación de los inquisidores en la Edad Media… con súcubo y todo.
• Pasar un día entero tomando capuccino y conversando con Daniel Samper Pizano, escuchando vallenato del bueno (que de eso sabe él un montón).
• Sentarme en las rodillas de Fernando González “Pacheco” y decirle que él es como ‘el abuelito de la tele’ para los niños de mi generación.
• Hacer algo parecido con Roberto Gómez Bolaños.
• Ver ¡por fin! el capítulo final de “Padres e Hijos”... ¿o será que tengo que esperar a mi próxima reencarnación?
• Estar presente el día en que la comunidad LGBT pueda expresarse libremente sus afectos en las calles sin que los miremos con asombro.
• Poder escribir algún día mi obra maestra sobre los asesinos múltiples y/o en serie… sin tener que convertirme en uno de ellos.
• Cantar a coro con Chavela Vargas en el Auditorio León de Greiff.
• Salir con mi tocaya mexicana en su auto y ‘soltarnos el pelo’ como Thelma y Louise.
• Que se acabe el reggaeton de la faz de la tierra.


















