EstebanJ: aquí está la respuesta al reto que me propusiste, espero comentarios

Hace unas semanas, EstebanJ, un personaje al que quiero mucho (y que viene a tomarse un CAPUCCINO frappé de vez en cuando), me envió una noticia de la BBC que a ambos nos interesaba: en una encuesta realizada entre más de 20.000 oyentes en Gran Bretaña, el grupo Queen superó a The Beatles en popularidad. La diferencia fue de 400 votos, no muy sustancial a decir verdad. La publicación de los resultados de la encuesta a nivel mundial ha generado enfrentamientos de diversos tonos entre los fanáticos.
En mi opinión, el asunto tiene que ver mucho con la generación a la que pertenecen los encuestados, ya que los 4 de Liverpool son mejor conocidos entre la gente mayor mientras que el grupo liderado por Mercury empezó a ser conocido en los 70, cuando los anteriores ya estaban a punto de desintegrarse, si no es que se habían separado ya.
Si dentro de unos cinco u ocho años se hiciera la misma encuesta, es claro que el grupo ganador sería Nirvana o cualquiera otro que hubiera alcanzado esos niveles de popularidad en los 80.
Por eso, quiero contarles una historia ocurrida entre dos hermanos: Ella tenía 15 y empezaba a encontrar su propia identidad, él tenía 8 y tal vez un poquito precozmente, quería también hallar la banda sonora de su vida. Ella se daba cuenta de que lo suyo no era la trascendentalidad depresiva de muchos de sus adolescentes amigos, sino el ritmo, la fantasía y el colorido. El pequeñín buscaba algo más acorde con su alma: irreverencia, suavidad y contundencia.
Ella buscó y buscó hasta que encontró un grupo del que había escuchado hablar a la gente mayor. Cuatro melenudos sobre los que se hacían referencias en Mafalda, Condorito y hasta en los textos de Daniel Samper Pizano. ¿Será que fueron tan importantes como para haber trascendido las fronteras del tiempo y el espacio? ¿Por qué no hacen conciertos y no vienen a mi país, ya que son tan famosos?, se preguntaba la adolescente y por lo tanto, empezó a investigar.
Mientras tanto, por casualidad a sus manos llegó una grabación de otro grupo que se asemejaba en el sonido de algunas canciones a sus cuatro adorados, pero que no le generaban la misma emoción que "Yesterday", "Yellow Submarine" u "Octopus's Garden". Ella la guardó y tiempo después consiguió el CD de este nuevo grupo. Lo escuchó un tiempo y lo archivó...
El hermanito encontró el CD y decidió que, si a su hermana no le gustaba, él sí le sabría dar buen uso, ya que el estado en el que se sumía al oir "Bohemian Rapsody", "Another one bites in the dust" o "We are the Champions" era algo indescriptible, mezcla de conmoción y descanso, de alegría y tranquilidad como cuando se llega a casa después de un largo viaje lleno de inconvenientes.
Ella no extraña su CD de Queen porque sabe que su hermanito (hoy en día un joven irreverente, suave y contundente), lo disfruta tanto como ella (una treintona fiestera) goza con la fantasía hippie de John, Paul, George y Ringo.
A pesar de que a ella le frustra un poco el haber traído al mundo un hermano al que no le gustan mucho The Beatles y a él le ponen los nervios de punta algunas de las algarabías que arma la hermana mayor, saben que ambos han encontrado su paraíso musical y lo respetan porque e el fondo, hay raíces comunes y finalmente… la sangre tira, como dicen las abuelas.

















